¿Que nos dicen los Padres de la Iglesia sobre la Música?

SAntos PadresLos Padres de la Iglesia pueden ayudarnos a mejorar nuestro culto litúrgico después de 50 años de sometimiento a la música pop sentimental.
A principios de este año, del 50 º aniversario del Concilio Vaticano II, Benedicto XVI pidió una renovada y auténtica lectura para la aplicación de los documentos conciliares. Después de sufrir a través de muchas décadas la música vulgar de la Iglesia rebosante de sacarina, es alentador observar un aumento de los músicos que seriamente buscan  la reforma auténtica de culto sagrado. La reciente Conferencia de Liturgia Sagrada en Roma fue un gran éxito,  hay un espíritu de alegría y rejuvenecimiento litúrgico entre los jóvenes. Los nuevos compositores están considerando muchas facetas teóricas e históricas de la música sagrada y  su lucha es por la renovación de la ortodoxia teocéntrica en el culto litúrgico. Una breve mirada a los últimos 50 años a la luz de las enseñanzas de los primeros Padres de la Iglesia “nos ofrece un respiro sorprendentemente relevante de aire fresco”.

La mayoría de los católicos están muy familiarizados con las “reformas” de la música popular que se han afectuado a la música litúrgica en las décadas de 1970 y 80. La adopción de la música secular y el espíritu de la época, los jóvenes sin instrucción, comenzaron a establecer la música pop, con un estilo marcado de ritmos y melodías, generalmente con guitarras. Este estilo de música litúrgica se hizo inmensamente popular, se extendió rápidamente. El problema con esta música, señalado por más de un crítico, es que está lleno de doctrina difusa y el espíritu de la revolución sexual del “rito suburbano: La paz , amor , y un pésimo estilo”.

Por otro lado, muchos recuerdan el ganador de premios Grammy, el CD Chant , que llegó al mercado de la música en 1994 y se convirtió en una sensación, cantado por los monjes benedictinos de Santo Domingo de Silos, hizo un llamamiento a los cristianos tradicionales y oyentes Nueva Era. Se consideró el antídoto perfecto a un mundo adicto al trabajo estresante, exacerbado por la  insignificante música pop. Las cualidades perennes de canto llano se hicieron evidentes para el oyente de estas grabaciones. Sin embargo, para los monjes, el canto llano fue más que una expresión musical que apreciaban, era esencial para su vida de oración.

La Constitución Dogmática del Concilio Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, señaló que, además de los pontífices recientes, los primeros Padres de la Iglesia también iluminan la función de la música sagrada. Una lectura más profunda de los Padres, querida por el Emérito Papa Benedicto, nos puede ayudar en la renovación litúrgica.

San Basilio el Grande de la música y carismático

Lejos de ser distantes y anticuadas, las palabras de los padres son actuales y a menudo humorísticas. San Basilio el Grande, por ejemplo, escribió que la música sacra debe apelar al pueblo y a menudo engañar  en la adoración a Dios:

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Capítulo 9: Las nuevas formas medievales del Canto Litúrgico

gre gregEl movimiento litúrgico que a finales del siglo VIII se consolidaba con firmeza en toda la Galia bajo el impulso de los reyes carolingios, dio origen, probablemente en algunas comunidades monásticas francesas, a nueves formas de canto, las cuales a medida que se perfeccionaban, se expandieron por doquier resultando popularísimas hasta la reforma de San Pío V. Estas son: a) las secuencias b) los tropos c) los versus

a) Las secuencias 

La secuencia ( prosa,prosula …) nació de la vocalización de la última sílaba del Aleluya y que con termino musical griego era llamada justamente secuencia, porque “veluti séquela et appendix cantici alleluia”. El modo en que de los melismas deljubilus aleluyático se pasó a la creación de un nuevo texto melódico nos es narrado en el Proemiumal Liber Sequentiarum de Notker Balbulus, monje de San Galo (+912), famoso compositor de secuencias, e incluso hasta hace poco tiempo, considerado el inventor de la misma. Él narra como siendo aún joven, encontraba una insuperable dificultad para aprender las larguísimas melodías del aleluya y como en contacto con un sacerdote proveniente de la ciudad de Jumièges que huyendo de la devastación de los normandos trajo consigo el antifonario local, donde conoció la idea de acompañar con un texto esa vocalización de la última silaba. El estudio de las secuencias más antiguas lo confirman. Las secuencias de Saint-Gallen que eran consideradas las más antiguas demuestran ser un desarrollo ulterior de un tipo prexistente en Francia e Inglaterra, quizás ya en el siglo VII, allí el texto (versus) no se aplicó a toda la melodía del jubilus, sino sólo a algunas de sus divisiones (ad sequentias). Del versus ad sequentias a la secuencia propiamente hablando únicamente faltaba un paso. El texto fue aplicado no sólo a algunos incisos melódicos, sino a toda la entera vocalización. Nació la sequentia cum prosa finalmente llamada secuencia, con la tendencia marcada a que cada nota de la melodía corresponda a una silaba del texto.
La secuencia se separa totalmente del canto del aleluya, abandona las formas irregulares y se acerca a las más precisas de la poesía rítmica. Las estrofas adquieren un mayor equilibrio de ritmo, los versos son más redondeados y concluyen en rima asonante o consonante. Es un tipo de transición que está muy bien representado por la conocidísima secuencia Victimae Paschali, atribuida a Wipo de Borgoña (+1048)

Pero el periodo de oro de la secuencia comienza en el siglo XII. Fue el canónigo parisino Adán de San Victor (+1192) quien más que ningún otro supo elevarla a una singular perfección artística. Sus prosas son admirables por la fluidez del verso, la claridad de pensamiento y la riqueza simbólica de las imágenes. Acercó cada vez más la secuencia a la forma latina del himno, dándole una perfecta uniformidad de ritmo y una estructura regular de estrofas. Asimismo hizo un amplio uso de la rima, utilizándola dentro y fuera del verso. Las secuencias de Adán de San Victor se difundieron rápidamente y remplazaron a las antiguas, suscitando numerosos imitadores. Entre estos recordaremos a Santo Tomás de Aquino que compuso el Lauda Sion Salvatorem (1264); Inocencio III que compuso el Veni Sancte Spiritus de Pentecostés y el franciscano Jacopone de Todi (+1231) autor del Stabat Mater.

En todos los países de Europa las secuencias estuvieron muy de moda hasta el siglo XVI. Baste decir que las compiladas son casi 5000. Al pueblo fiel le gustaba mucho por la forma simple y silábica de sus melodías que se prestaba a cantarse dentro y fuera de la iglesia.  La reforma de San Pío V, teniendo en cuenta su origen reciente y novedoso, eliminó todas, excepto cinco: Pascua, Pentecostés, Corpus, Dolores de la Virgen y Réquiem.  Quizás se fue demasiado severo. La reforma de 1969 eliminó esta última como secuencia de la misa y la trasladó fragmentada al himnario de la Liturgia de las Horas de los últimos domingos del año litúrgico.

Las secuencias, desde el punto de vista literario, ocupan un lugar de honor en la literatura medieval; y mientras litúrgicamente fueron una de las más cálidas y genuinas expresiones de la vitalidad religiosa del pueblo cristiano, artísticamente fueron de gran importancia para el desarrollo del canto popular.