Capítulo 8: La difusión del Canto Gregoriano

gregoriano2012_clip_image002_0002El Abad Agustín del Monte Celio con sus monjes romanos evangelizando a los anglos (más tarde San Agustín de Canterbury).

Al emprender la reforma litúrgico-musical, San Gregorio no tenía en vista el imponerla a todas las Iglesias particulares, si no únicamente proveer a las necesidades particulares del servicio litúrgico pontificio, o al máximo, a todas las iglesias romanas estrictamente dependientes del Papa. Si en cambio, su obra acabó por adquirir una importancia mayor, se debe a parte de la calidad litúrgica y artística de la misma, a las circunstancias que favorecieron su difusión. Una de estas fue la expedición organizada por San Gregorio el año 596 para evangelizar Inglaterra. Cuarenta monjes del monasterio benedictino de Monte Celio en Roma, con el abad Agustín en cabeza, se trasladaron ampliamente provistos, como narra San Beda el Venerable, de todo lo necesario para la decorosa celebración de la liturgia, entre lo cual los libros de canto, probablemente las primeras copias del antifonario gregoriano.

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