Consideraciones acerca de la Música Litúrgica a partir de los textos de Benedicto XVI

img.29

La música litúrgica
“..Cuando escuchamos un fragmento de música sacra que hace vibrar las cuerdas de nuestro corazón, nuestro espíritu se ve como dilatado y ayudado para dirigirse a Dios».
En varias ocasiones  el Emérito Papa ha explicado las palabras del Concilio que se refieren a la música como parte integrante y necesaria de la liturgia solemne (cf. Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, 112); es más, ha afirmado que la música misma es liturgia. ¿Por qué  las consideraciones en el plano litúrgico significan un paso más? ¿No es verdad que se puede rezar en cualquier situación? Indudablemente. Pero en la liturgia, la Eucaristía significa que Dios ha respondido. La Eucaristía  es Dios como respuesta, como presencia que responde. En la liturgia, la iniciativa en la relación del hombre con Dios no es del hombre, sino del mismo Dios. Y además, el hombre no está solo, sino con toda la Iglesia, cuerpo de Cristo. La oración litúrgica se realiza en el contexto de la muerte y de la Resurrección de Cristo, del amor que ha vencido a la muerte. La fuerza de estos términos hace presagiar que la misma música litúrgica tiene una especificidad propia. En la actualidad, la música litúrgica se propone en términos problemáticos. La solución no se va a encontrar acudiendo directamente a los aspectos prácticos. Por ejemplo, es patente que muchas veces los encargados de pastoral no se entienden con los músicos, y que los músicos no se entienden con los encargados de pastoral. Este es un problema que siempre ha existido y que siempre va a existir. Pero no es el flanco fundamental. Para encontrar las soluciones es necesario conocer y comprender la esencia de la liturgia. Vamos a acercarnos en dos pasos.
Anuncios

Capítulo 7º: La Schola Cantorum Romana

gregoriano2012_clip_image001_0000 La institución de una Schola Cantorum era el necesario complemento de la reforma. En Roma sin duda debía haber desde hacía mucho tiempo, probablemente desde los tiempos del papa San Dámaso (+384), un grupo de cantores papales (diaconos, lectores…). Habert en su volumen “Die römische Schola cantorum und die päpstlichen Kapellsänger”- (Leipzig 1888), cree que la Schola Romana seguramente se remonta a tiempos del Papa Hilario (461-468); pero en la época del papa San Gregorio, debido a los desordenes de algunos de sus miembros, parece ser que había entrado en franca decadencia. El santo Pontífice la reorganizó, excluyendo a los diáconos, que hasta entonces habían ejercido las funciones de solista, y encargando esa tarea musical a siete subdiáconos, a los cuales añadió un cierto número de niños para la ejecución de cantos corales. Les donó además algunas tierras y dos casas, una cerca de San Pedro y la otra cerca del Patriarcado Lateranense, a fin que sirvieran de dotación a la Schola y de residencia para la vida común.

La Schola Romana adquirió en breve tiempo un alto grado de prosperidad y de importancia. Basta decir que una buena parte de los Papas de los siglos VII y VIII salieron de ella, y sus miembros, como veremos más adelante, a menudo fueron enviados por la Santa Sede para apoyar y sostener, mediante la enseñanza del canto, la difusión de la liturgia romana.

Cantores aprendiendo canto de los códices. “Solo” aleluyático