¿Por qué no puede haber conciertos en Iglesias?‏

Sant-Feliu-de-Llobretad-Escolanía-MontserratLa Iglesia es un lugar sagrado que sólo debe ser utilizado para el culto a Dios. No es un lugar para conversar (por ejemplo después de Misa) o para organizar un comedor (para eso hay otros lugares!) o para que laicos den charlas o conferencias. El presbiterio (la parte elevada por escalones que rodea al altar) sólo debe ser pisado por Presbíteros (como su nombre lo indica) y aquellos que sirven al Altar (monaguillos, personal de limpieza, etc.). La Iglesia no debe usarse para conciertos que no sean estrictamente de música sacra: es decir, que la música lleve a rezar y dar culto a Dios.

CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO

CONCIERTOS EN LAS IGLESIAS

1. MÚSICA EN LAS IGLESIAS

FUERA DE LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS

        1. El interés por la música es una de las manifestaciones de la cultura contemporánea La facilidad de poder escuchar en casa las obras clásicas, a través de la radio, de los discos, de las «cassettes», de la televisión, no sólo no ha hecho disminuir el deseo de escucharlas en directo, en los conciertos, sino que más bien lo ha aumentado. Este es un fenómeno positivo, porque la música y el canto contribuyen a elevar el espíritu.

        El aumento cuantitativo de los conciertos ha conducido recientemente, en diversos países, al uso frecuente de las iglesias para su interpretación. Los motivos que se aducen son diversos: necesidad de espacio, por no encontrar con facilidad lugares adecuados; razones acústicas, para las cuales las iglesias ofrecen generalmente buenas garantías; razones estéticas, ya que se desea que el concierto tenga lugar en un ambiente de belleza; razones de conveniencia, para dar a las composiciones que se interpretan su contexto original; razones también simplemente prácticas, sobre todo cuando se trata de conciertos de órgano: las iglesias, en efecto, poseen este instrumento en muchos casos.

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Capítulo 4: Las formas originales del Canto Litúrgico (y 2)

gregoriano2012_clip_image002El siglo IV, que inauguró triunfalmente el esplendor del canto litúrgico, vio difundir triunfalmente en la Iglesia otra importantísima forma del canto sacro: la salmodia antifonal. Esta consistía en cantar los versículos de los salmos de manera alterna por dos coros. Este sistema, desde antiguo ya conocido por hebreos y griegos, y en los siglos II y III practicado como parece por las Iglesias de Siria Oriental (Mesopotamia), fue introducido primeramente en Antioquia entre los años 348-358, por Flaviano y Diodoro, lideres laicos, y después obispos, de una “hermandad” de ascetas muy floreciente en aquella ciudad. Según dice Teodoreto:“Estos dividieron en dos partes los coros de cantores y enseñaron a cantar de manera alterna los salmos davídicos”. 

Sin embargo hemos de suponer que la salmodia antifonal revistiese dos formas distintas. Una en la que los dos caros cantaban respectivamente un versículo del salmo (y esto aconteció probablemente en un inicio en Antioquia donde ascetas y vírgenes estaban familiarizados con el uso de los salmos); y otra en la que un coro de cantores experimentados interpretaba el salmo y después de cada versículo el otro coro se limitaba a responder con una breve respuesta intercalada (antífona) siempre igual. Sigue leyendo