SALVE REGINA

Salve Regina-Una oración antigua siempre nueva

En la formación religiosa de todo cristiano ocupan un lugar muy relevante aquellas plegarias que desde niños hemos estado escuchando y rezando. De una forma imperceptible pero eficaz esas oraciones han ido formando nuestra piedad y delineando nuestro trato con Dios, con la Santísima Virgen, con el ángel de la guarda y con los santos; han enriquecido nuestra oración con unas determinadas actitudes, sentimientos y modos de invocar que sin duda influyen hoy en nuestra vida.

Sin embargo, tales oraciones, a base de repetición, pueden perder su brillo y atractivo, como ciertas hermosas catedrales y monumentos que ya no inspiran nada al transeúnte que ha vivido siempre frente a ellas. No obstante, bastaría detenerse un momento y contemplarlas tranquilamente para arrancarles nuevos secretos y emociones. Una de estas oraciones es la Salve Regina. Se trata de una oración muy antigua: consta por la historia que ya existía en el siglo XI, antes de la primera cruzada y, de hecho, su vocabulario rebosa de la cortesía y galantería que por aquellos tiempos se comenzaba a abrir paso en la sociedad. La Salve es una oración que ha gustado en todas las épocas por su brevedad y sencillez, por su ternura y profundidad, en la que se entrelazan de modo admirable la tristeza del peregrino y la esperanza del creyente: no por nada, tanto los franceses como los españoles y alemanes se han disputado siempre su autoría. Sigue leyendo

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LA MUSICA EN EL ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO

Más de seiscientas referencias al canto y la música se han contado en los libros de la Sagrada Escritura.
 En los relatos de la creación, el hombre y el mundo responden como un eco sonoro a la llamada poderosa de la Palabra de Dios, a ese canto inaugural suyo que todo lo convierte en himno. En el principio era ya la música y el ritmo. El pueblo de Israel nace en confluencia de culturas y civilizaciones. Su música está llena de influencias ambientales sumerias y egipcias. Solo en la época de David (1000-962 a. C.) llegó a formarse una tradición musical propia y homogénea cuando se recopilaron los salmos. Más de la tercera parte del Salterio lleva indicaciones musicales en los títulos: de los aires melódicos, el tono, los instrumentos, el compositor y el intérprete; por ejemplo los salmos 32, 39, 65, 68, 95, 137 y 150. Entre todos los cánticos del Antiguo Testamento sobresale el de Moisés, después del paso del mar Rojo, que ha tenido papel relevante en la liturgia y la tradición judeocristianas (Ex 15).Todo el libro del Cantar de los Cantares, como dice su mismo nombre, es una expresión lírica, epitalamio de las bodas y el amor de Dios a su pueblo. Samuel abre una escuela de músicos y profetas (Cf. 1 Sam 1,16-23). La música era elemento muy importante en la liturgia del templo. «David y todo Israel se regocijaron delante de Dios, bailando en honor suyo con todas sus fuerzas» cuando se trajo a Jerusalén el arca de la Alianza (Cf. 1 Cr 13,8; 2 Sam 6,19-35). Él organizó el coro y la orquesta del templo «para que cantaran y tocaran música alegre» (Cf. 1 Cr 15,16-24). Los días ordinarios tocaba una banda litúrgica. Se utilizaban numerosos y variados instrumentos, de cuerda, de viento, de percusión, para convocar al pueblo a la oración y a los sacrificios. El profeta Isaías se queja del estruendo de los instrumentos que impiden la contemplación de Dios (Cf. Is 5,12; 16,11; 23,15).Parece que es el abuso lo que se recrimina. Nehemías nos cuenta cómo Sigue leyendo