Capítulo 2: Los orígenes del Canto litúrgico

Resulta por todos conocido el hecho, de como desde los tiempos apostólicos el canto de los salmos davídicos, así como de los himnos y cánticos de la Sagrada Escritura, fuera un elemento ordinario de las primitivas asambleas litúrgicas. Sobre este punto no hay disensión alguna. La incertidumbre comienza cuando se quiere precisar el modo en el que entonces se cantaba, o dicho de otra manera, el género musical que debió modularse por los labios de los primeros cantores cristianos. Para llegar a algún resultado, de ser posible, es necesario no olvidar que el cristianismo había nacido y crecido en el ambiente judío, y separándose de este y salido de Palestina, se encontró en contacto con la civilización grecorromana.  Además, contando con que el arte helénico y sobretodo el culto judaico poseían formas musicales muy precisas, hemos de concluir que el nuevo culto cristiano no pudo inhibirse de su lógica influencia.

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Capitulo I: Canto y música en la Liturgia

Si ilusionadamente el hombre quiso, en todas las épocas, que todas las bellas artes fueran puestas al servicio del culto, muy especialmente la música ha constituido un elemento casi inseparable.

En cualquier época y en todos los pueblos, en los que se ha organizado un culto público, por poco civilizado que alguno de estos fuera, la música ocupó una parte más o menos importante según el mayor o menor desarrollo de la organización litúrgica. El canto, es decir la palabra revestida de música, fue siempre considerado por el hombre como la manifestación más solemne del sentimiento religioso, la expresión más alta de la alabanza, de la oración y de la gratitud hacia Dios.

Entre los pueblos antiguos, los asirios, los babilonios, los egipcios, los griegos, la música se presenta de entrada como cosa sagrada, un don de los dioses a los hombres, exclusivamente para honrar a la divinidad; tanto que Platón consideraba un abuso y casi un sacrilegio emplearla para objetivos profanos. Se le atribuían prerrogativas mágicas, como alejar a los espíritus malignos (apotropía) o llamada a la divinidad para que esta se hiciera presente en el lugar del sacrificio (epíclesis). En los cultos mistéricos, a la música se le atribuía un carácter catártico, es decir una acción purificadora del pecado para el alma.

La música ocupo un lugar de honor entre los hebreos al menos desde el tiempo de Moisés. Los hijos de Israel, después de la salida de Egipto, alcanzada milagrosamente la otra orilla del Mar Rojo, entonan junto a Moisés un cántico a Dios, mientras las mujeres, guiadas por Miriam, la hermana de Aarón, respondían cum tympanis et choris . Sigue leyendo