LITURGIA Y MÚSICA. UNA HISTORIA CUATRO VECES QUEBRADA. EL CONCILIO VATICANO II. Parte II

b) Época visigoda (ss. V/VI-VIII/IX)

1. Unos vencedores, vencidos.

Roma sucumbe ante el empuje de las hordas bárbaras del centro de Europa. De los invasores, los visigodos serán los definitivos conquistadores del suelo hispano. Los nuevos amos respetarán la cultura de los vencidos romanos, su legislación jurídica, y hasta restablecerán algunas de sus costumbres más aceptadas popularmente como los espectáculos del teatro y del circo. Podríamos decir que los vencedores han sido a su vez vencidos.

2. Actividad de la Iglesia visigoda

La Iglesia tuvo una gran actividad en este momento histórico. Trabajó intensamente por la reconversión de la fe arriana que compartían los bárbaros invasores. Además sus obispos intervinieron activamente como consejeros de los reyes visigodos cristianos en la construcción del reino; y dieron consistencia a las ciudades con su presencia y residencia en sus sedes.

El elevado nivel cultural de numerosos eclesiásticos de esta época, que permitió hacer su elenco a Isidoro de Sevilla en su De viris illustribus, favoreció eldesarrollo de la liturgia propia hispana con una rica creación de textos litúrgicos, de hermosas melodías y logrados ritos, que consolidaron los oficios episcopales y monacales, recogidos en logrados códices litúrgicos. A esta amplia colaboración de preclaras cabezas, entre las que podemos mencionar a los obispos cesaraugustanos Máximo, Juan, Braulio y Tajón, con scriptorium en el monasterio extramuros de Santa Engracia, se sumó, además de la influencia teológica ya mencionada de la iglesia del norte de África, la ritual y musical de los bizantinos asentados en el levante peninsular durante unos setenta y cinco años, la de la Iglesia romana por las disposiciones litúrgicas de manera especial de los papas León I, Gelasio I, y Gregorio Magno, gran amigo éste de Leandro de Sevilla, comunicadas por doquier por los numerosos monjes itinerantes, la de los monasterios del sur de la Galia, cercanos a los hispanos de los Pirineos, así como el de las liturgias de las otras iglesias locales, la del antiguo canto romano, la de las Galias, la milanesa de san Ambrosio, la de Benevento en el sur de Italia, la de Braga en Portugal, etcétera. Sigue leyendo

LITURGIA Y MÚSICA. UNA HISTORIA CUATRO VECES QUEBRADA. EL CONCILIO VATICANO II. Parte I

I. EL DIÁLOGO LITÚRGICO

Presentamos la Liturgia como el diálogo entre Dios, que muestra su favor a su pueblo, y Jesucristo que, conjuntado con todo su Cuerpo místico, la Iglesia, encabeza la alabanza, la acción de gracias y la bendición por ello. En este diálogo situamos la historia del desarrollo de la fe cristiana expresada a través de la liturgia y de los signos litúrgicos apropiados para ello, con una atención preferente al signo de la música. Una larga historia que se inicia con la llegada de la fe a la Hispania romana y que perdura hasta nuestros días.

II. LITURGIA Y MÚSICA: UNA HISTORIA CUATRO VECES QUEBRADA

Una historia cuatro veces quebrada con ánimo de encauzarla, en cada uno de los casos, en una dirección determinada.

El primer quiebro de esta historia se dio cuando en el siglo XI el rito franco- romano y el canto gregoriano suplantaron y redujeron al olvido a la denominada antigua liturgia hispana, lograda a través de siglos de rica y fecunda creación teológica, espiritual, litúrgica, musical, y artística.

A su vez, el rito franco-romano y el canto gregoriano sufrirán un quiebro en su espléndido desarrollo por la nueva ordenación litúrgico-musical del Concilio de Trento, que procuró clarificar y unificar el denso boscaje de formas litúrgico- musicales que dificultaba la compresión del diálogo litúrgico. Embarcada la liturgia en el ritualismo y adaptada a movimientos ideológicos, teológicos, artísticos, musicales de los diferentes tiempos y épocas, la reforma tridentina sufrió al cabo de los tiempos un intento de clarificación con el quiebro y giro pretendido por san Pío X con su motu proprio «Tra le sollecitudini».

Este intento de «ver florecer en todas partes el decoro y la dignidad de las funciones litúrgicas», y especialmente de la música y del canto sacro, hizo repensar en nuestros días la situación de la liturgia y de las normas en vigor.

El Concilio Vaticano II no fue un simple quebrar el paso, un cambiar un poco la ruta, sino un violento giro de ciento ochenta grados para reconducir el diálogo litúrgico entre Dios Padre y Jesucristo total, incorporada la Iglesia al mismo, al primigenio sentido eclesial de la asamblea litúrgica como Pueblo de Dios, conforme se hallaba en los orígenes de la fe cristiana.

Este largo itinerario de siglos me agradaría poder presentarlo en sus líneas básicas, de amplias perspectivas, haciendo referencia a lo local en lo que fuere posible. Sigue leyendo