Solemnidad de San José, Esposo de la Virgen Maria – Comentario, Sugerencias –

En las conferencias espirituales ha sido un lugar común asociar al nombre de San José el recuerdo de Teresa de Avila. Mencionemos alguna palabra del Libro de la Vida: “No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer… Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios; no he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan. Paréceme que ha algunos años que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida: si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío” (cap. 6, nn. 6.7). Para la santa el glorioso San José es, ante todo, un guía de oración y discernimiento en las cosas de Dios: “en especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas… Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro, y no errará en el camino” (ib 8).Este tipo de devoción familiar con San José ha servido a muchas almas, y sin duda que es válido, pues apela a datos evangélicos, de los cuales, por una asimilación total de la fe, es posible deducir ese “intimismo” espiritual en nuestras relaciones con los seres divinos. Sin destruir en modo alguno esta mística en torno a San José, quisiéramos centrar las perspectivas tomando como guía la presentación litúrgica, densa de contenido dogmático. San José, esposo de la Virgen María, es el hermoso título de la fiesta. Nos advierten los historiadores de la liturgia que el culto a San José nació en el clima de la piedad tierna de la Edad Media en torno al Niño Jesús y a la Virgen María. La fiesta litúrgica data del siglo XV. Este hecho nos advierte que en la estructura litúrgica es más importante la celebración de San Pedro que la celebración de San José, no que San Pedro sea más importante que San José.Intentemos, pues, acertar con lo que puede ser el genuino enfoque de la solemnidad de San José:

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