EL ARTE Y LA LITURGIA: LA MÚSICA – (3º PARTE)

La música litúrgica cristiana se define por su relación con el Logos en un triple sentido:
1) Remite a los momentos de la actuación de Dios atestiguados por la Biblia y presentes en el culto. Una ac­tuación que sigue en la historia de la Iglesia, pero que tie­ne su centro inmutable en la Pascua de Jesucristo —en su cruz, resurrección y ascensión—. Esta intervención histó­rica de Dios abarca también los acontecimientos salvíficos del Antiguo Testamento, así como la experiencia de salva­ción y la esperanza de la historia de las religiones, inter­pretándolas y conduciéndolas a su plenitud.
En la música litúrgica, basada en la fe bíblica existe, en gran medida, una clara primacía de la palabra; es una for­ma más elevada de predicación. Procede, en último extremo, del amor que responde al amor de Dios que se hizo carne en Cristo, al amor que por nosotros se entregó hasta la muerte. Puesto que, incluso después de la resurrección, la cruz no es en absoluto un acontecimiento del pasado, este amor se caracteriza siempre por el dolor ante el ocul-tamiento de Dios, por el grito que surge desde lo profun­do de la necesidad —Kyrie eleison— por la esperanza y la oración. Pero, dado que este amor siempre puede experi­mentar la resurrección como verdad, a modo de antici­pación, implica también la alegría del sentirse amado, ese gozo interior con el que Haydn decía sentirse transporta­do cuando ponía música a los textos litúrgicos. Sigue leyendo
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