Salmo 21 – Domingo de Ramos –

La pasion del siervo de Dios y sus frutos

Nos hallamos ante uno de los salmos mas impresionantes del salterio.
Es como una queja acerca del silencio de Dios. Es una oración que debemos rezar por tantas personas que padecen angustia, soledad y abandono y no entienden el porqué de esto.
Esta bellísima pieza poética se divide en dos partes:
  • La primera, canta la situación angustiosa de quien se siente como abandonado por Dios en medio de sus enemigos y sus dificultades.
  • La segunda, es un canto de acción de gracias (o Eucaristía: que significa: ofrenda para dar gracias).
Se canta con gratitud la intervención tan oportuna de Dios para liberar a quien se le ha confiado. Las imágenes aquí empleadas son gráficas, radicales. El estilo es vigoroso, lleno de trágica sinceridad en la primera parte y de suave transparencia en la segunda.
La famosa frase con la que empieza “Dios mio, Dios mio, por qué me has abandonado”, no es una exclamación de desesperación, sino un grito amoroso hacia el Amigo Divino, una queja de confianza espontánea para Aquel a quien desea tener a su lado en los momentos de mayor angustia.
Va luego describiendo con todo realismo a sus adversarios que lo rodean como toros embravecidos, como fieras hambrientas. Su cuerpo está tan enflaquecido por los sufrimientos que ya se pueden contar sus huesos. Se reparten sus vestiduras. Su lengua reseca como una teja en un horno ardiente.
Han taladrado sus manos y sus pies…
Difícil encontrar un retrato más perfecto de Cristo en la Cruz. (Y pensar que fue escrito varios siglos antes de la crucifixión). Probablemente Jesús fue recitando despacio este salmo en la cruz, cuando según la Biblia “Con poderoso clamor y lágrimas oraba con ruegos y súplicas al que podía salvarle de la muerte”. (Hebr. 5,7).
También nosotros lo debemos rezar en horas de angustia.
En la segunda parte, salmo 21B, la perspectiva cambia radicalmente. El amigo de Dios ha sido liberado de la trágica situación y ahora dá gracias al Señor delante de todo el pueblo. Invita a los demás a ser agradecidos con el Señor y promete de su parte seguir proclamando las bondades del Altísimo. Ojalá sean también estos mismos nuestros sentimientos.
SALMO 22 (En liturgia 21) – GRITO DE ANGUSTIA QUE FUE REZANDO JESUS EN LA CRUZ
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?. ¿Por qué estás lejos de mi clamor y mis gemidos?. Te invoco de día, y no respondes, de noche, y no encuentro descanso; y sin embargo, tú eres el Santo, que reinas entre las alabanzas de Israel. En ti confiaron nuestros padres: confiaron, y tú los libraste; clamaron a ti y fueron salvados, confiaron en ti y no quedaron defraudados.   
Pero yo soy un gusano, no un hombre; la gente me escarnece y el pueblo me desprecia; los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
“Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto”. 
Tú, Señor, me sacaste del seno materno, me confiaste al regazo de mi madre; a ti fui entregado desde mi nacimiento, desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, porque acecha el peligro y no hay nadie para socorrerme.
Me rodea una manada de novillos, me acorralan toros de Basán; abren sus fauces contra mí como leones rapaces y rugientes.
Soy como agua que se derrama y todos mis huesos están dislocados; mi corazón se ha vuelto como cera y se derrite en mi interior; mi garganta está seca como una teja y la lengua se me pega al paladar.
Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies y me hunden en el polvo de la muerte. Yo puedo contar todos mis huesos; ellos me miran con aire de triunfo, se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme.
Libra mi cuello de la espada y mi vida de las garras del perro.
Sálvame de la boca del león, salva a este pobre de los toros salvajes.    

 Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: “Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel. Porque él no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre: no le ocultó su rostro y lo escuchó cuando pidió auxilio”.Por eso te alabaré en la gran asamblea y cumpliré mis votos delante de los fieles: los pobres comerán hasta saciarse y los que buscan al Señor lo alabarán.¡Que sus corazones vivan para siempre!    

Todos los confines de la tierra se acordarán y volverán al Señor; todas las familias de los pueblos se postrarán en su presencia. Porque sólo el Señor es rey y él gobierna a las naciones.
Todos los que duermen en el sepulcro se postrarán en su presencia; todos los que bajaron a la tierra doblarán la rodilla ante él, y los que no tienen vida glorificarán su poder.

Hablarán del Señor a la generación futura, anunciarán su justicia a los que nacerán después, porque esta es la obra del Señor.
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