Cardenal Bartolucci, por cuatro décadas al mando del “coro del papa”

Entrevista con el, ex director del coro de la Capilla Sixtina
ROMA, martes 14 de diciembre de 2010 (ZENIT.org) Entre los nuevos cardenales que fueron creados durante el consistorio el pasado 20 de noviembre está Domenico Bartolucci, quien por más de 40 años sirvió como director del Coro Capilla Musical Pontificia “Sixtina”.
A pesar de haber superado la edad de cardenales electores, con 93 años, Benedicto XVI lo agregó al Colegio Cardenalicio por la “generosidad y dedicación en el servicio de la Iglesia”, como afirmó el pasado 20 de octubre cuando anunció el consistorio. Sus obras han sido publicadas en varios volúmenes. ZENIT lo entrevistó.

-¿Cómo recibe este nombramiento?
Cardenal Domenico Bartolucci: No me lo esperaba. Es cierto que es un signo de amor del Papa por la música sacra, un reclamo evidente, especialmente en este momento de crisis, Antes la música era el alma de la liturgia. Incluso en países – yo soy toscano, de un pueblecito llamado Borgo San Lorenzo – todos cantaban en las plazas, las iglesias, las procesiones, y escuchando las bandas musicales. Hoy hay chicos muy talentosos pero la formación musical es a menudo poco adecuada. No sé quién es el culpable pero actualmente prevalece el estadio y las discotecas y todo está reducido al mercado.
-¿Cómo descubrió su vocación a la música?
Cardenal Domenico Bartolucci: Desde pequeño crecí junto a mi padre que era un cantante apasionado de la Iglesia. En el seminario la música era muy importante aunque en un sentido a mí me la impedían porque los superiores temían que esto me distrajera del estudio del griego y el latín. Luego vine a Roma y allí quedé encantado de la vitalidad de las capillas musicales de las basílicas. Fui nombrado vice maestro de San Juan de Letrán y luego maestro de la Capilla Musical Liberiana de Santa María la Mayor como sucesor de Licinio Refice en 1955 vice maestro de la Sixtina con Perosi. Estuve con él cuatro años y luego de su muerte en 1956 Pío XII me nombró Director Perpetuo de la Capilla Musical Sextina. A pesar de ello, cuando cumplí 80 años me relevaron del cargo. No me informaron de esto, lo supe cuando nombraron a mi sucesor.
-¿Cómo fue este período como director de la Capilla Sextina?
Cardenal Domenico Bartolucci: La Sixtina tuvo una gran vitalidad hasta el Concilio. Recuerdo las bellísimas funciones con el Papa Pacelli y con el papa Juan XIII. Después de la Reforma litúrgica nuestra contribución en las liturgias papales fue redimensionada. Nos salvamos con los conciertos en todo el mundo donde se pudo mantener el patrimonio de la Capilla: viajamos a Austria, Alemania, Irlanda, Francia.Bélgica. España. Filipinas, Australia, Canadá, Estados Unidos, Turquía, Polonia y Japón.
-¿Cómo era el interés de Pío XII hacia la música sacra?
Cardenal Domenico Bartolucci: El Papa Pacelli amaba la música sacra y en ocasiones para descansar tocaba el violín. Con él las funciones muchas veces se llevaban a cabo justamente en la Capilla Sextina. Era una figura extraordinaria, de grande cultura y humanidad.
-¿Y en la época de Juan XIII? 
Cardenal Domenico Bartolucci: La Capilla Sixtina le debe mucho a Juan XIII. Bajo su pontificado fue aprobado por su propio interés mi proyecto de reforma. Con Perosi (su predecesor en la dirección del coro de la Capilla Sixtina n.d.r) las cosas, lamentablemente, también por causa de su enfermedad, eran degradantes. La Capilla no tenía, por ejemplo una estructura fija de cantores, una sede o un archivo. Gracias al papa Juan XIII reconstruimos todo casi de la nada y pudimos crear la Schola puerorum exclusiva para chicos. Con los niños en navidad cantábamos en el apartamento del papa delante del pesebre. Era conmovedor.
-¿Cree que la música sacra podrá volver a lo que era antes?
Cardenal Domenico Bartolucci: Se necesitará tiempo. Ya no existen los maestros de otras épocas porque ya no se ve la necesidad de que existan. Esperemos. Benedicto XVI ama mucho el canto gregoriano y la polifonía y quiere recuperar el uso del latín. Entiende que sin el latín el repertorio del pasado está destinado a ser archivado. Es necesario tornar a una liturgia que de espacio a la música, al gusto de lo bello, y también al verdadero arte sagrado.
-¿Qué piensa del canto, de la asamblea durante las celebraciones litúrgicas?
Cardenal Domenico Bartolucci: Es necesario estar atentos y no generalizar. No estoy en contra del canto del pueblo como algunos me han acusado. Es más, ya desde antes del concilio escribí cantos del pueblo para la liturgia en italiano. Estaban muy difundidos en las parroquias. Hay pues contextos donde se pide necesariamente una Schola cantorum o de todas maneras un coro que pueda hacer verdadero arte. Pensemos por ejemplo al repertorio del canto gregoriano que requiere verdaderos artistas para que sea hecho como se debe, o al grande repertorio polifónico. En estos casos el pueblo participa en todos los derechos, nutriéndose y escuchando, pero son los cantores quienes ponen al servicio de los demás su profesionalismo y su competencia. Lamentablemente muchos en estos años de novedad han pensado que participar quiere decir “hacer cualquier cosa”.
-¿Cuáles son sus autores preferidos, sus fuentes de inspiración?
Cardenal Domenico Bartolucci: Para la música sacra los grandes patriarcas son Palestrina y Bach. Palestrina es quien primero ha intuido qué quiere decir el ajuste perfecto de la polifonía al texto sacro. No por casualidad el Concilio de Trento se refirió a él para establecer los cánones de la música sacra. Bach también es un grande pero refleja más el espíritu de los nórdicos. En todo caso ambos muestran que la música se hace con las grandes cantos de la Iglesia. Occidente tiene una historia musical riquísima que la toman muchas culturas orientales. Hoy existe la necesidad de recuperarla y de darle el gusto y el espacio en el lugar en el que se estableció la liturgia.
Por Carmen Elena Villa
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Die 25 Decembris. Octavo Kalendas Januarii.

Los datos cronológicos que figuran en la Calenda natalicia son los de la tradición judía y el cristianismo primitivo. Con ellos se traza sucintamente toda la Historia de la Salvación: la Creación, el Diluvio, la Alianza con Abraham, la liberación del pueblo elegido gracias a Moisés, el llamado de David a la realeza de la que estará investido el Mesías, su descendiente, profetizado por Daniel. También se mencionan las principales fechas de la tradición civil romana: el cómputo por las Olimpíadas (de origen griego), la fundación de Roma y el reinado de Augusto, ya que Jesucristo, como Hombre, iba a ser súbdito del Imperio Romano, el que iba a contribuir con la Cultura Clásica a la construcción de la Civilización Cristiana gracias a su conjunción con el EvangelioEste pregón, además, está compuesto de una forma maravillosa: en un continuo crescendo, nos da una visión de la Historia que culmina en Jesucristo como en su centro y razón.Como pieza literaria es sencillamente preciosasu valor espiritual: enriquece a quien lo lee piadosamente y lo medita en su corazón. Por eso lo reproducimos a continuación en su versión tradicional (Martyrologium Romanum, ed.1956):

Die 25 Decembris.         Octavo Kalendas Januarii.
Anno a creatione mundi, quando in principio Deus creavit caelum et terram, quinquies millesimo centesimo nonagesimo nono; a diluvio autem, anno bis millesimo nongentesimo quinquagesimo septimo; a nativitate Abrahae, anno bis millesimo quintodecimo; a Moyse et egressu populi Israel de Ægypto, anno millesimo quingentesimo decimo; ab unctione David in Regem, anno millesimo trigesimo secundo; Hebdomada sexagesima quinta, juxta Danielis prophetiam; Olympiade centesima nonagesima quarta; ab urbe Roma condita, anno septingentesimo quinquagesimo secundo; anno Imperii Octaviani Augusti quadragesimo secundo, toto Orbe in pace composito, sexta mundi aetate, Jesus Christus, aeternus Deus aeternique Patris Filius, mundum volens adventu suo piissimo consecrare, de Spiritu Sancto conceptus, novemque post conceptionem decursis mensibus (Hic vox elevatur, et omnes genua flectunt), in Bethlehem Judae nascitur ex Maria Virgine factus Homo.
Hic autem in priori voce dicitur, et in tono passionis:
Nativitas Domini nostri Jesu Christi secundum carnem.
En el año cinco mil ciento noventa y nueve de la creación del mundo, cuando Dios hizo el cielo y la tierra; en el dos mil novecientos cincuenta y siete desde el Diluvio; en el año dos mil quince desde el nacimiento de Abraham; en el año mil quinientos diez desde Moisés y el éxodo de Egipto del pueblo de Israel; en el año mil treinta y dos desde la unción del rey David; en la semana sexagésima quinta según la profecía de Daniel; en la centésima nonagésima Olimpíada; en el año setecientos cincuenta y dos desde la fundación de Roma; en el año cuadragésimo segundo del imperio de Octaviano Augusto, estando todo el mundo en paz, , en la sexta edad del mundo, Jesucristo, eterno Dios e Hijo del eterno Padre, queriendo santificar la creación por su advenimiento, concebido por obra del Espíritu Santo y transcurridos nueve meses después de ser engendrado, nace hecho Hombre de María Virgen en Belén de Judá. Natividad de Nuestro Señor Jesucristo según la carne.
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